A vueltas con los “padres igualitarios”

Sí, sí. A los ‘padres igualitarios’ se les llena la boca llamando brujas, resentidas y manipuladoras a las madres. Las madres. Esas que dedican tres cuartas partes de su vida a la crianza y el sostenimiento de la vida de otrxs, esas que dejan de trabajar, o reducen jornada, o son despedidas, porque no pueden conciliar. Ellas, las que dedican una media de cinco horas de trabajo no remunerado a las tareas del hogar, un 91% de las mujeres de este país.

Se trata de la tipología más frecuente de progenitores cisvarones heteros, el pater vulgaris. Este tipo de padre mayoritario y reconocible en todas las sociedades, que en general y estructuralmente, ni se plantea dejar el trabajo, dedicarse a sus niñxs y a su hogar, decir que no a un ascenso, a su jefe, a su empresa, reducir horas, cobrar menos y entrar en la pecariedad y ausencia de capital “propio” que nosotras tan bien conocemos.

Ellos que no saben a qué hora salen del kárate, cuándo tiene examen de química, cómo se llama su tutora, cuál es su color favorito o cómo le gusta de caliente la sopa. Ellos que no sabrían qué darle si se pone enfermx. Ellos que no recuerdan lo que pesó al nacer, qué hora era. Los que relegan el cuidado de su descendencia en una segunda, la madre, que asume todas las esponsabilidades de la crianza (y puede que una tercera). El que se conforma con “ayudar en casa”. Ese. Ese que ejerce su privilegio entre cuatro paredes, ese que se aprovecha de la ciolencia simbólica y de su poder como pater familias, ese que no mueve un dedo en casa que no sea para cortar el queso, descorcar el vino, hacer las barbacoas los fines de semana (que el fuego quema, es peligroso para las pobres mujeres, y es de dominio masculino desde la prehistoria, titis) o poner y quitar la mesa, ese que es el valuarte doméstico de la opesión sobre las mujeres, ese modern daddy, ese machirulo infiltrado que está tan agotado cuando llega del trabajo que prefiere dejárselo todo a su compañera contribuyendo a la perpetuación de su esclavitud doméstica y de su jornada continua y a destajo, invisibilizada, feminizada, no emunerada, no reconocida, infravalorada, ese, ese cuando se separa, QUIERE LA IGUALDAD. AHORA ES MUY PADRE. Si su ex osa intentar quedarse con la custodia de lxs hijxs y no plantear la custodia compartida… PUTA, MALA, EJERCES EL SAP. Pero no, machotes. Sabemos que os jode haberos quedado sin el espacio de privilegio sobre el hogar y la familia. Sabemos que lo que os jode es tener que pagar una manutención más alta. Encima de machirulos, peseteros.

Feliz día del padre igualitario.

Fuente: Nuestras madres, hermanas, tías, amigas y abuelas y el INE, en sus anuales encuentas de empleo del tiempo. Descargable en PDF.

padresigualitarios

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