Anarcomacho

La “autonomía” es un concepto presssioso presssioso. Ha sido analizado un montón desde los feminismos, además, para arrojar luz e imaginar otras formas de concebir a las mujeres como seres libres de sujeciones y dependencias. También es un concepto básico para pensar muchos movimientos sociales, sobre todo a partir de los 70, y analizar su relación con la horizonalidad, la participación, la independencia de las instituciones, etc. En la historia del anarquismo es fundamental.

Pero nos da miedito cuando se hacen lecturas perversas del concepto que se acercan un poco mucho al individualismo neoliberal o al sujeto emprendedor y sin vínculos que promueve el capitalismo. Se trata de una lectura facilona y aprovechada que a menudo realizan nuestros amiguitos anarcomachos para no reconocer sus privilegios ni responsabilidades y eximirse, como buen macho, de cuidar a otrxs y pensar en otra cosa que no sea ÉL. Así, conciben el ser autónomo como un ser del todo independiente (aunque todxs necesitemos cuidados), hecho a sí mismo (ja! como si no fuéramos fruto del contexto y las relaciones), todopoderoso, superman y, por supuesto, superior. Campeón, rey de la pista, chulo de mierda.

Volvemos pues, al sujeto hegemónico: un tipo aparentemente fuerte, que no expresa sentimientos ni fragilidad, cuyo mundo gira en torno a su persona, que invisibiliza las tareas de otrxs -otras- para que él pueda ser quien es (algo así como el “trabajador champiñón” de Amaia P. Orozco: un trabajador que, según el modelo neoliberal, nace de la nada, plup! sin nadie detrás que cocine, limpie, cuide… para que él pueda ser un sujeto productivo óptimo para la generación-acumulación de capital).

Contemplamos estupefactas cómo los anarcomachitos que nos rodean se aprovechan también de propuestas feministas como el poliamor o las relaciones abiertas sin cuestionar las jerarquías ni el carácter patriarcal del amor romántico para seguir así el mandato “donjuanero” y promiscuo de la masculinidad hegemónica sin modificar un ápice su manera heterosexista de establecer relaciones. O cómo, cuando establecen relaciones más estables con chicas, hacen uso del concepto “autonomía” para eludir la demanda de cuidados por parte de ellas. “Tía, éste es mi espacio, me agobias, yo soy yo y tú eres tú, vale?” O sea. En fin. Gracia nos hacen, por cierto, las rabietas que se pillan cuando la situación ocurre a la inversa, donde evidencian todas sus inseguridades y complejos.

Estamos hasta el coñamen de que estos especímenes pululen taaanto por nuestros espacios “liberados”. Anarcomachos, al paredón!!! Apestáis.

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