Zas! zas! zas! desde mi tren

“Se te va a pasar el arroz”, “se te va a ir el tren”, “te vas a quedar para vestir santos”… son frases con las que se nos machaca a las mujeres cuando llega una cierta edad para instarnos a tener “una vida de provecho”. A saber, hetero-emparejada, capitalista, patriarcal, bienpensante y burguestita: marido-hijxs-empleo-casa-coche… Grrrr

Que no, que no creemos en esas concepciones tan lineales y aburridas de la vida. Ahora estoy aquí, ahora estoy allá. Que no quepo en tus moldes.

Que no me siento fracasada si no tengo un novio o marido, que sin ti soy yo y a mí nadie me complementa, que a veces tengo novia, o novias, o compañerx/s… o mil amigxs en el camino, o personas para las que no encuentro definiciones ni puedo encajar en tus rígidas casillas. A veces estoy sola y me encanta. Y me toca el coño, muchísimo, que a las mujeres mayores que no tienen marido les digas “solterona”, como si fueran seres deficientes, incompletos… Ah, claro, y él es el “soltero de oro”, no? Vaya tela.

No quiero un empleo ni, mucho menos, un jefe. Trabajo un montón [cuidando a mi gente, organizando el hogar, limpiando, recogiendo tomates en el huerto comunitario, reciclando comida, proyectando cine en el centro social de mi barrio, sacando al perro de la vecina, yendo a asambleas, haciendo memes, escribiendo artículos, parando desahucios, haciendo radio libre, diseñando el cartel de tal o cual jornadas, dándole de comer a mi abuelo anciano, tocando el bajo en un grupo, pensando, discutiendo, generando grietas en este sistema podrido de mil y una formas, etc…] pero a eso no lo llaman trabajo. Así es el heteropatriarcado, que sólo valora lo que los señores del poder llaman “productivo”, esto es, lo que favorece la acumulación de capital. Así que me busco la vida como puedo: redes de consumo, cuidados colectivos, okupación de una vivienda que me merezco de sobra (hay un montón vacías!), apoyo mutuo… hasta una vez monté una cooperativa con mis amigas para formar a otra gente en feminismos. Eso sí me daba pasta (muy poca) para ir tirando…

Tampoco quiero una hipoteca. Miedo me da sólo el pensar tener un matrimonio horrendo con un banco asesino. Miedo me da imaginarme en un hogar definitivo con lo grande que es el mundo.

Hijxs? No me lo planteo. Me niego a que sea una decisión que estructure mi vida. Quizás sí, quizás no. Harta estoy que desde pequeñita me impongan, a través de juguetes, preguntas aparentemente inocentes o jocosos comentarios más descarados, el ser madre como única vía de realización de las mujeres.

Me aburrís, señorotes del poder, discursos hegemónicos y demás historias mierders. Que a mí no se me pasa el arroz, que pillo de ése que por mucho tiempo que esté al fuego, siempre está en su punto. Que yo no pierdo ningún tren. Hace mucho tiempo que estoy montada en él.

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