¡Sororidad feminista!

ANTE EL PACTO FRATERNAL, ALIANZAS SORORALES

El que “las mujeres somos rivales entre nosotras”, que “nos criticamos continuamente” y, ya de paso, “que somos unas arpías”, son topicazos que circulan en el imaginario colectivo, machirulo y no tanto.

Lo más peligroso de estos topicazos es que crean realidad. Es decir, son nociones performativas: el lenguaje no sólo dice sino que también hace cosas,construye realidad. Nos explicamos: cuando Judith Butler habla de “performatividad” dice que la repetición de discursos y de actos es lo que construye el género, esto es, llegamos a ser hombres y mujeres enunciando y teatralizando lo que se supone que es un hombre y una mujer, cada cual en función del género que se le haya asignado. Como ante todos los mandatos sociales, encontramos su cumplimiento acrítico pero también sus resistencias.

Pues este topicazo forma parte de la definición de género hegemónica, el hecho de que rivalicemos entre nosotras forma parte del “ deber ser mujer” impuesto. Y a veces, desafortunadamente, lo performamos (ojo! No tenemos miedo al conflicto y nos encanta discutir y tener nuestras diferencias, pero ya sabéis a lo que nos referimos). Ante esto quizás tendríamos que plantearnos cuánto puede estar relacionada esta rivalidad con los pocos espacios que nos ofrece el heteropatriarcado, los cuales tenemos que disputarnos en mayor medida. O cuánto tiene que ver con el “divide y vencerás” propio del poder (patriarcal en este caso) y el “pacto entre hombres” que les asegura mantener sus privilegios.

Ante esto también tendríamos que mirar a otro lugar: a ese lugar donde las complicidades entre mujeres llenan el espacio, donde nos podemos contar las cosas más íntimas, demostrarnos afectos, llorar juntas o reír a carcajadas, besarnos sin tapujos o ir agarradas de la mano por la calle. A ellos, si hacen esto, se les cuestiona su virilidad y, por ende, sus privilegios y, claro, no mola.

Así que proponemos rescatar aquí (y apostar por) las resistencias: las alianzas entre mujeres y otros seres desobedientes al mandato sexo-género hegemónico, las redes, los afectos, la política compartida sin miedo al conflicto, la manada, el “affidamento” del que hablaban las feministas de la diferencia italianas, los pactos basados en el respeto a las diferencias pero no a las desigualdades, las relaciones horizontales, donde la jerarquía no tenga cabida.

¡Ante la patriarcal fraternidad, subversión desde la sororidad!

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