Poliamor

Está de sobra analizado por el feminismo cómo el amor romántico (un tipo modelo afectivo surgido en la modernidad occidental) “perjudica seriamente la salud de las mujeres” (http://feministesindignades.blogspot.com.es/2012/02/el-amor-romantico-mata.html). Se trata de un tipo de amor basado en la heterosexualidad obligatoria, la monogamia, el deseo de perdurabilidad o el contrato matrimonial y le son inherentes mitos como el de la media naranja, el de “sin ti no soy nada”, el amor lo puede todo, etc… Estos elementos crean relaciones de dependencia, posesividad, deseo de control del otrx y dominación – sumisión no consentidas, relaciones muy insanas donde las mujeres nos llevamos la peor parte.

También nos interesan los análisis de la antropóloga feminista Mari Luz Esteban, quien va más allá y analiza el propio pensamiento amoroso (y no sólo las relaciones romántico-amorosas) como eje de ordenación social: leyes, concepciones en torno a la salud emocional y física o valores se derivan de él. En su “Crítica del pensamiento amoroso”, libro que recomendamos mucho mucho, se pregunta: “¿Cómo hacer una teoría del amor que no contribuya a consolidar el Pensamiento Amoroso característico de nuestra cultura, que implica una forma de entender el amor que influye directamente en las prácticas de la gente y estructura unas relaciones desiguales de género, clase y etnia, y un modo concreto y heterosexual de entender el deseo, la identidad y, en definitiva, el sujeto? ¿Cómo hacer una antropología del amor que no refuerce la heterosexualidad como norma e instrumento de desigualdad entre mujeres y hombres? ¿Cómo escribir una etnografía que no produzca Mujeres (y Hombres) sin quererlo?”

Son temas en los que tenemos que profundizar un montón, pero sobre los cuales ya encontramos análisis y generación de alternativas. Si se quiere rescatar el amor (puede que este concepto a algunxs no les valga, o quieran descentralizarlo de sus vidas) el poliamor es una opción que nos gusta: un amor libre, consciente de que el deseo no es único, sino múltiple, fluido, plástico. Un amor desde el cuidado, la no posesión, la no dependencia, donde no se prorice a “la pareja”, sino a quien (o quienes) nos apetezca en un momento determinado. Nos resulta difícil, claro, pero ¿las relaciones monógamas no lo son? A currarnos el deseo feministamente!

Poliamor power!

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